Domingo, 12 de junio de 2005




?UN VIAJE ASTRAL?




Hacia el a?o 1.955, mis t?os se trasladaron a vivir a una finca situada en la costa de Benalm?dena. Por entonces toda mi familia resid?a en Ja?n y las condiciones de vida no permit?an viajar con la cotidianeidad a la que estamos hoy acostumbrados. De hecho, salvo en raras ocasiones, la gente sol?a morir en el lugar donde naci?, sin haber traspasado durante toda su vida poco m?s que la l?nea del horizonte; si acaso, los varones ten?an esa ocasi?n cuando el Estado facilitaba el viaje en vagones de tren mugrientos y destartalados, con ocasi?n del cumplimiento forzoso del servicio militar.
Ese, tal vez, fuese el ?nico aliciente verdadero para el com?n de los mortales, que reportaba el servicio a la Patria; un privilegio, que para muchos era la cosa m?s emocionante que acaec?a en sus grises y pobres vidas: ... ??sal?an a ver mundo!?...

En ese contexto, es f?cil comprender que la despedida que mis padres dispensaron a mis t?os, cuando se fueron a M?laga, hoy s?lo ser?a digna de un salto poco menos que intercontinental. Como las distancias y los medios para salvarlas eran dif?cilmente alcanzables, la gente solucionaba el problema usando el asequible veh?culo de la imaginaci?n, que corr?a raudo por las anchas autopistas del pensamiento. Algo as? le ocurri? en sue?os a mi madre, a los pocos meses de la partida de mis t?os:

Vio un paisaje de ondulados cerros que formaban la ladera de una monta?a y acababan muriendo, bruscamente precipitados, sobre una vasta extensi?n de agua salpicada aqu? y all?, por embarcaciones de diversas clases y tama?os. Se imagin?, pues jam?s lo hab?a visto, que aquella inmensa superficie azul que se perd?a en la lejan?a ser?a el mar. Sobre uno de los altozanos exist?a una casa grande, cuya fachada presentaba una puerta de doble hoja, cuatro ventanas en la planta baja y otras cinco en la superior. Estaba pintada de un ocre ros?ceo y el tejado, de acusada inclinaci?n, aparec?a cubierto por tejas de barro muy grandes y planas. En la pared del lado derecho observ? un tragaluz circular a la altura de la segunda planta y una estrecha puerta de la que descend?an tres escalones que llevaban, tras salvar poco m?s de un metro, a una peque?a construcci?n de grosero tapial, de la que sal?a por una chimenea abundante humo negro, caracter?stico de la le?a saturada de humedad. El cielo estaba despejado, pero dedujo que no hac?a mucho tiempo debi? caer una tormenta, pues la tierra se ve?a mojada y las escorrent?as bajaban con estruendo y sin freno buscando el mar.

Adosado a aquella barraca vio un gallinero circundado por una d?bil estructura de tela met?lica, cuya superficie casi ocultaba las ramas de un hermoso sauce llor?n. En el lado izquierdo de la casa principal, la pared presentaba una ventana en la planta baja y un tragaluz gemelo, por su forma y situaci?n, al observado en el otro lado. Frente a la ventana, distante de ella unos dos metros, identific? una especie de tina grande o peque?a alberca rectangular, cuyas paredes parec?an ser de m?rmol blanco.

Siguiendo en la direcci?n izquierda de la casa, a unos quince metros, la loma presentaba un tajo vertical por cuyo fondo pasaba una v?a de tren, que se cruzaba por un puentecillo con baranda de tubo de hierro poco segura, a juzgar por lo desvencijado de su aspecto. Al otro lado observ? admirada un enorme algarrobo que, por su grueso tronco, sus nudosas y retorcidas ramas y las abundantes y recias ra?ces que se aireaban fuera de la tierra, deb?a ser verdaderamente viejo.

De regreso a la alargada explanada que se extend?a ante la casa, se fij? en el toc?n de un ?rbol de un metro de altura y, junto a ?l, el resto de lo que hac?a poco fue un espeso y vigoroso eucalipto. La zona superior del toc?n y la correspondiente a la misma ?rea del tronco, aparec?an desgajadas, ennegrecidas y calcinadas, como si un poderoso y certero ca?onazo lo hubiese partido por la mitad. Se pregunt? sobre la identidad de los moradores de aquel lugar y sobre la raz?n de su propia presencia all?, cuando, asomada a una de las ventanas, reconoci? a mi t?a y, sin tiempo para m?s indagaciones, despert?.

Intrigada por la claridad de las so?adas im?genes y con el fin de no olvidar aquella vivencia, mi madre pidi? a mi hermano mayor, el cual no ten?a a?n los once a?os y ya se perfilaba como un verdadero artista, que dibujara un paisaje con los detalles y colorido que ella le fuese dictando.
Alg?n tiempo despu?s mis padres tuvieron la ocasi?n de viajar por primera vez a M?laga y, c?mo ser?a la sorpresa de todos, cuando comprobaron que, salvo los torpes trazos de un inexperto arte infantil y la ausencia en aquel tiempo de la fotograf?a en color, el dibujo hubiera podido ser f?cilmente confundido con una postal de la finca.
Como no faltaba ni sobraba detalle respecto a la realidad, parec?a que mi hermano lo hab?a tomado del natural y no de las directrices que en la distancia le diera mi madre, sacadas, adem?s, de las delebles im?genes de un sue?o. Por ?ltimo, descubrieron el asombroso hecho del eucalipto quebrado y quemado por un rayo, que call? una tormentosa noche y que podr?a ser, seg?n calcularon, la misma en la que mi madre tuvo aquel sue?o.


A?N CONSERVAMOS AQUEL DIBUJO


Publicado por pedrolamart @ 17:09  | PERSONALES
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