Entre crujir de madera
y constantes golpes de la mar,
hace aguas la patera:
la travesía es un azar.
Voy en pos de una quimera,
a otro país a trabajar;
aunque en el mar yo muera,
ya nadie me va a llorar.
¡Hay! Si yo al fin pudiera,
a aquella orilla llegar.
¡Hay! Si por fin yo pudiera.
Si por fin pudiera alcanzar,
en Tarifa, la ribera,
para escapar de esta mar.