Domingo, 12 de junio de 2005

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?SUE?OS PREMONITORIOS

?Mira si he so?ado cosas

en esta noche pasada,

que he so?ado que era sue?o

a?n lo mismo que so?aba.

(A. Ferr?n)

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I

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A medida que sal?a del sue?o, iba siendo consciente y sent?a que mi cuerpo se hallaba dulcemente relajado. Poco a poco mis sentidos se alertaban, en tanto que me sum?a en una sublime sensaci?n de paz. La noche me fue muy grata; pues no qued? en mi memoria rastro de pesadilla que turbase mi ?nimo, ni tensiones que denotasen malas posturas.

Abr? los ojos, pase? err?tica la mirada por la habitaci?n y vi que ya sal?an las luces, vagas y p?lidas, de un falso amanecer. A?n no hab?a llegado el albor que me mostrara el nuevo d?a; no obstante, los objetos se ve?an imprecisos con la d?bil luz de un cielo luminiscente, ya sin estrellas, que se difund?a a trav?s de la ventana. Nac?a el d?a uno de agosto de mil novecientos ochenta y cuatro y la brisa, que ven?a del cercano mar, enfriaba el aire y lo calaba de sal y humedad, en vivo contraste con el ardiente terral del d?a anterior. Realmente me sent?a bien. Notaba la caricia del fresco aire en mi piel y el sosegado silencio me infund?a paz y seguridad.?

Goc? un rato de tan gratas impresiones y, al cabo, me invadi? un vivo deseo de salir del lecho, lejos ya de mi mente todo rastro de pereza o de sopor.

En tanto que ergu?a el torso, not? una extra?a sensaci?n de ingravidez y vi, perplejo, que mi cuerpo a?n yac?a, sin dar se?ales de vida. Se le ve?a libre del af?n de mi ?gil esp?ritu, que sal?a vaporoso y sutil de mi yo f?sico, como la mariposa huye del capullo huero e in?til. Con la mayor sencillez sal? de la cama y me vi levitar a un palmo del suelo.

El cuarto segu?a en silencio y a?n sombr?o. Un TIC, TAC, mec?nico y cansino, med?a a comp?s el paso del tiempo. El despertador marcaba las 06:48 y supe que pronto despuntar?a el d?a. El Sol apenas comenzaba a salir y los objetos se me hac?an, cada vez, m?s precisos y claros.

Mir? con gran inter?s a mi cuerpo, sin comprender una dualidad tan pasmosa, como grata.

Quise estar seguro de que no so?aba, pero no sab?a c?mo hacerlo. Sin embargo, ten?a la certeza de que todo era real, ya que mis sentidos percib?an con total claridad y los pensamientos flu?an ?giles por mi cerebro, ligero y despierto. Pero... si no so?aba... ?Qu? me estaba pasando? ?Acaso se pod?a librar el Alma del cuerpo?... ?Quer?a saber el c?mo y el por qu? de un suceso tan imposible!... Y al fin ca? en la cuenta: lo que miraba con el despego y la indiferencia de un espectador ajeno, no pod?a ser otra cosa que... ?mi propia muerte!?

El latido del reloj me vino a recordar lo breve que es la vida y comprend? que mi Alma hu?a del in?til cuerpo, pues habr?a llegado ya la fecha, que le marc? el fatal destino. Pero pronto descubr? mi error: el leve girar de mis ojos bajo los p?rpados y el sordo ronquido, que sal?a a trav?s de mis labios entreabiertos, me hizo pensar que a?n viv?a. Pero no sent? alivio por ello, ni not? pesar o miedo cuando cre? estar muerto; sobre toda sensaci?n, segu?a con una mezcla de paz y confusa curiosidad.

Pero? si estaba vivo, ?por qu? aquel desdoblamiento? ?Ser?a, tal vez, un viaje astral?... Sent? tan alto grado de libertad, que dese? salvar el vano de la ventana y vagar en el aire sin rumbo ni destino. Aun as?, decid? no ir lejos del cuerpo, ya que dud? de hallar la ruta de vuelta, si romp?a el sutil cord?n que me un?a a la vida. Pues, si bien ya no tem?a a la muerte, a la que cre?a una dulce liberaci?n, no por ello la quer?a provocar y decid? esperar y ver el desarrollo de tan extra?o acontecimiento.

Desde el aire, suspendido sobre la cama, vi que el Sol clareaba ya el puro azul del cielo y las sombras hu?an con desgana de mi entorno. Mi mirada se pos? c?lida en el rostro de Candi que, apoyado sobre la palma de su fina mano, se me ofrec?a dulce y recatado bajo la opaca traza del sue?o.

De pronto vi que, junto a ella, alguien yac?a en el lugar opuesto al que mi cuerpo ocupaba y que no era en el que yo sol?a estar. Sin duda, esta fue una de las cosas que m?s me chocaron: los lados que ocup?bamos en la cama mi esposa y yo, estaban cambiados seg?n nuestra costumbre. Pero lo que me caus? alarma y un gran estupor, fue comprobar que un intruso se hab?a deslizado bajo la s?bana y compart?a sin pudor nuestra intimidad.

Lo ve?a todo tan absurdo, que, a pesar de la claridad de mis sentidos, pens? que deb?a estar inmerso en lo que parec?a, se iba a trocar en falaz y rid?cula pesadilla. Y ofuscado por tan s?bito hallazgo, con s?lo el br?o que me dio mi deseo, me lanc? con rabia hacia el extra?o. Lo hice con la fiereza y agilidad del ?guila, cuando cae sobre un cervatillo desprevenido e indefenso. Mientras, aquel ser dorm?a con la fr?a quietud que da la inconsciencia, lejos de toda prevenci?n o emoci?n.?

Era calvo, seco y breve. Ten?a la tez morena, los p?mulos marcados y una edad ya avanzada. Su gran nariz reinaba sobre un bigote ralo y cano, los labios finos y largos y el ment?n muy breve y curvado. Le ve?a tan leve, tan viejo y tan flaco, que todo en ?l me hac?a pensar en una senil debilidad. Aun as?, una fuerza sin par emit?a su rostro, que me advert?a de un temple rebelde y tenaz.

En tanto que escrutaba sus rasgos, que me parec?an tan singulares, supe que no me era tan extra?o como en un principio cre?: quien en mi cama se acog?a tan confiado, era... ?Gandhi! ?

Ahora s? que no cre? a mis sentidos y dud? de mi buen juicio. ?Qu? hac?a el ?Mah?tm? aqu?? ?C?mo y por qu? hab?a venido? ?Es que no muri? en mil novecientos cuarenta y ocho?... Para estas y otras preguntas, por m?s que me esforzaba, no hallaba respuestas. Pens? que un ?viaje astral? se hac?a en el plano espiritual, por lo tanto, no me deb?a sorprender de aquel encuentro. Pero... ?Por qu? ?l? ?C?mo un ?Alma grande? podr?a violar mi intimidad, cayendo en un acto tan infame?...

Pese a Tanto misterio, mi asombro se hizo infinito por el hecho que a?n pude ver: una gran mancha se form? en la s?bana, calando un amplio rodal que, como al intruso, mojaba a mi mujer. ?No me lo pod?a creer!... ?Gandhi se hab?a orinado en mi cama!... Furioso le quise echar de all?, pero no antes de pedirle explicaciones. Fui a tender mi mano con la idea de despertarle, cuando un ronco quejido llam? mi atenci?n y... ?Despert?!

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II

Junto a m?, mi mujer temblaba con gran pasi?n, en tanto que balbuc?a, con bronco acento, vagos sonidos entre jadeos. Pens? que se deb?a hallar presa de un mal sue?o, la quise despertar y, con muy dulces meneos antes, pero con briosos zarandeos despu?s, la saqu? al fin de aquel mal trance. Su despertar fue tan s?bito, que precis? de un tiempo para al fin volver al mundo real.?

A?n convulsa y h?meda por un fr?o sudor, gem?a angustiada y se me abraz? con tan torpe y fiero af?n, como el n?ufrago a su tabla de salvaci?n. Era tal su p?nico, que el pulso se le ve?a latir en las sienes y en sus labios tr?mulos y ardientes. Poco a poco se calm? y, ya m?s serena, pero todav?a con incierta voz, me narr? el sue?o por el que sinti? tan gran terror.?

?Se desvel? pensando en lo que deb?a de hacer, antes de iniciar el viaje que planeamos para ese d?a. De pronto, sin saber por qu?, se sinti? desorientada. Busc? la causa y no tard? en hallarla: estaba acostada en el lado opuesto de la cama del que sol?a estar. No le prest? la menor atenci?n, pero se admir? por la novedad y por no recordar haber cambiado de sitio. Impasible a un hecho que juzg? pueril, torn? su inter?s al tipo de ropa que se quer?a llevar y los mil detalles que deb?a tener en cuenta, cuando... ?se sinti? acechada!... percib?a una presencia que, aunque invisible, la sab?a pendiente de nosotros.?

Su primer deseo fue despertarme; pero antes se quiso asegurar de que el instinto no la enga?aba, pues si bien hab?a ya suficiente luz en la alcoba, el intruso estar?a tras ella, fuera de su vista. Le prest? o?dos al m?s leve rumor, pero los ?nicos sonidos que o?a eran los de su propio jadeo, el continuo tic, tac, del reloj y mis ronquidos. Pens? que, aunque fuese falso su temor, me deb?a despertar, ya que as? se librar?a de un ruido tan bronco e irritador. Estas razones, junto a la muda quietud de la casa, tuvieron la virtud de distraerla de lo que ya cre?a, no eran m?s que est?pidos miedos sin fundamento.?

Suspir? con gran alivio y cerr? los ojos; quer?a dormir un par de horas m?s, ya que aqu?l ser?a un d?a de mucho ajetreo. Al fin la calma volvi? a compasar su pulso y, cuando ya se iba a dormir,... ?crey? o?r otra respiraci?n!... ?S?!... Ya no le cupo duda: aisl?ndolo de los dem?s sonidos, tuvo la certeza de o?r otro aliento ajeno, que la asustaba muy seriamente.

Se quiso volver, mirar atr?s y salir de dudas, pero el creciente terror se lo impidi? y, rota por el miedo, con toda su Alma grit? mi nombre en busca de protecci?n. Trat? de hacerlo con todo su br?o, pero s?lo logr? que el grito se le ahogara, sin fluir palabra alguna a su boca?.?

En vez de mi nombre, lo que emiti? fue un tr?mulo y ronco estertor y, aunque su angustia era inmensa, al fin cedi? a mi af?n y sali? del irreal mundo de los sue?os.

Me qued? at?nito. Sin duda, ella vivi? el mismo sue?o del que a m? me sac? con su ronca queja. Los dos los vivimos con la misma sensaci?n de fiel realidad. Vimos los mismos cambios en los sitios de la cama. Ella, al igual que yo, not? la misma rara presencia y, todo ello... ?en el mismo tiempo!

Le cont? a Candi mi ensue?o y ambos cre?mos que podr?a haber sentido entre tanta confusi?n, pues juzg?bamos extraordinario que ambos so??ramos lo mismo; pero... ?qui?n es capaz de descifrar los sue?os?

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***?

El Sol luc?a ya, con sus a?n leves y anaranjados rayos, sobre las azoteas de las casas y al fin nos levantamos. Ese era el primer d?a de vacaciones y nos centramos con gozo en la tarea de hacer las maletas. Si los viajes tienen un punto de aventura, la emoci?n es mayor si se goza del primer ocio en varios a?os. Adem?s, nos atra?a la idea de unos d?as en plena naturaleza, lejos del traj?n de la costa en plena ?poca tur?stica.

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De modo que, mis dos hijos, Candi y yo, enfilamos muy felices la carretera, ante la promesa de vivir sucesos inolvidables. Muy pronto dejamos de lado los sue?os de la pasada noche, que se perdieron en las densas brumas del olvido.

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III

La ruta que va de Granada a Ja?n, desde el puerto Carretero hasta La Guardia, repta por un bello ca??n que el r?o Guadalbull?n, con el tes?n secular de sus a?n limpias aguas, cava sin descanso. Ese valle se sit?a entre los montes del parque de la sierra M?gina y crea un paisaje de sin par belleza.?

Es una ruda regi?n, que fue fr?gil y m?vil conf?n del reino de Granada. En ella a?n se guarda el eco de gestas heroicas y leyendas embrujadoras, que nos mueven a la fantas?a.

Aqu?l d?a cruc? por el lugar sin prisa, no s?lo porque las curvas tuviesen mucho riesgo, aunque por entonces era una carretera sinuosa y de doble sentido, sino por el placer de gozar de tan lindo paisaje. Lo ve?a como un breve avance del primor que cre?a nos esperaba al final del viaje. El plan era estar quince d?as en la casa de mis suegros, en Ja?n, y otros quince en la sierra de Cazorla.?

Mis hijos y yo, seg?n sol?amos hacer en los viajes, habl?bamos sobre la historia y la geograf?a de la regi?n, as? como de la fauna y la flora que se ve?a desde el coche. A los tres nos atra?an los olivos que, en hileras, sub?an por los taludes en ocasiones tan empinados, que parec?a un reto a la gravedad. Nos cab?a la duda de si se les pod?an varear sus ramas, sin el riesgo de caer entre nubes de tierra ocre y amarilla. Tierra seca y abrasada, en ese d?a, por el Sol de agosto.

En tanto que los tres habl?bamos de estas y otras cosas, Candi se manten?a callada. Todo el viaje se le ve?a abstra?da en sus propios pensamientos, que le hac?an ignorar nuestra animada charla. Al fin, con preocupado semblante, nos cont? el motivo de su silencio:

Hac?a m?s de un mes que debi? tener la regla, pronto vendr?a la segunda falta y tem?a estar embarazada. No quer?amos traer a otro hijo, pues ten?amos una ni?a de catorce a?os y un ni?o de casi trece y, una vez alcanzada la pareja, cre?amos que ya era suficiente. Adem?s, fuimos padres demasiado j?venes y quer?amos disfrutar de tantas cosas a las que hab?amos renunciado? Pese a todo, sensibles a la alegr?a de los ni?os, nos fuimos haciendo a la idea y pronto vimos con agrado tal evento.

A?n no hab?amos entrado en las calles de Ja?n y nuestro gozo era ya patente. En verdad, no se pod?an empezar mejor las tan ansiadas vacaciones del a?o 1.984.

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IV?

A las 00:25 horas, del d?a 22 de marzo de 1.985, naci? mi hija Elena.

Era una cr?a vivaz y sana, que pes? al nacer tres kilos y seiscientos gramos. Ten?a el pelo muy fino, suave y negro; la nariz respingona y la piel tersa y sonrosada. Su gr?cil cuerpo era sano y muy bien formado. Sus ojos, que luc?an negros y grandes, miraban hondos y vivos, como si ya juzgasen sobre las vagas im?genes y la cruda luz que recib?an.?

Una tierna riada de orgullo colm? mi pasi?n de padre. La verdad, no pude recordar si sent? as?, en el nacimiento de mis otros dos hijos. Creo yo que el tiempo difumina los recuerdos y calma las pasiones, por lo que se agiganta lo cercano y se menguan las vivencias del pasado. En fin, tal vez mi mayor madurez me hizo medir, de modo m?s cabal, el valor de la paternidad.?

Sea como fuere, yo estaba seguro de que aquel era el d?a m?s feliz de mi vida. No ve?a el momento de llevarla a casa y gozar de ella noche y d?a, sin el freno de las odiosas normas del hospital. Y por fin lleg? la hora en que les dieron el alta, s?lo pasaron tres d?as, pero a m? me parecieron semanas.

La llegada a la casa fue confusa, movida y ruidosa. Toda la familia se dio cita y tanta gente acudi?, que parec?an un enjambre en un panal. Y ufano asist? al teatro que se da en estos casos: ?que si tiene las orejitas de su mam?... ?que la naricita es como la de su pap?... ??tiene la mirada del abuelo!?? Y otras frases por el estilo, todas igual de ?nuevas y sagaces?. Menos mal que todo en este mundo se acaba y, por fin, cada cual se fue a su casa. No era que fuese rudo con ellos, ni que no les agradeciera sus cumplidos... ?No! Era que mi ni?a iba de unos brazos a otros y se frenaban mis deseos de gozarla, sin tiempo ni medida.?

Pero llag? la hora de ?bajar de la nube? y de cumplir con otras cosas: ten?a que armar la cuna. Fue cuando record? los sue?os de la madrugada, de aquel d?a uno de agosto. ?Y los reviv? con el mismo detalle, con que los hab?amos percibido casi nueve meses antes!?

Con ser esto muy curioso, lo que me parec?a m?s raro era que en todo ese tiempo jam?s hab?an rondado por mi mente las intrigantes pesadillas. Sin embargo, a?n yac?an ocultas en un rinc?n de mi cerebro, esperando una se?al para ser recordadas.?

La se?al que despert? mi memoria fue de lo m?s pueril: la cuna no cab?a en el sitio junto a la cama en el que Candi sol?a dormir, por lo tanto, no hubo m?s remedio que montarla en el otro lado. As? que, con el fin de que la ni?a pudiese estar junto a la madre, debimos de cambiar de sitios Candi y yo. Ese cambio casaba con uno de los hechos que m?s nos turb?, a pesar de ser tan trivial: a partir de ese d?a ser?amos tres en la alcoba y en los mismos sitios de la cama que en los sue?os. La concepci?n de mi hija no la preve?amos; por lo tanto, al igual que la de Gandhi, la llegada de Elena fue por sorpresa.?

Pero, por si a?n nos quedaban dudas de la relaci?n entre lo so?ado y la realidad, con la llegada del beb?, se desvelo el enigma m?s raro de mi pesadilla... ?La mancha de orina!?

?Por fin! Despu?s de m?s de ocho meses en el olvido, se abr?an a la luz uno a uno, todos los enigmas. Fue con estas bases por lo que conclu?, que las pesadillas fueron una clara premonici?n de la feliz venida de mi hija.?

Una se?al, tal vez reglada y regida por no s? qu? amo del destino, ni con qu? fines. Esta idea me inquiet?. Tem? que en un sitio oculto, alguien hac?a pruebas con los seres de nuestra raza y pens? en un raro y c?smico lugar, blanco y yermo, en el que un sin par y misterioso sabio, se divert?a jugando con nuestros genes. Un ser que regla con su capricho nuestro sino y husmea expectante en nuestras pobres mentes.?

Pero a?n hay un dato que me inquieta y que no s? encajar en este rompecabezas: al parecer, Gandhi supl?a en el sue?o a mi hija Elena; sin embargo, no me satisface la idea de reducir a un simple s?mbolo la figura de ese gran hombre. Para servir tan s?lo como se?al, bastaba con alg?n extra?o. Con una sombra sin rostro, cuyo porte me sugiriera la presencia de un ser junto a mi mujer, habr?a sido suficiente. Pero ya que no fue as?, habr?a alg?n motivo...

Quiz? me falle la l?gica, como pasa en los sue?os o... ?Tal vez est? ahora so?ando? S? que es tan cre?ble el que est? escribiendo este relato, como que me despierte de pronto y los papeles se borren en la nada, como si no los hubiese nunca escrito. Pero... ?No! Mis sentidos son tan firmes y claros, que doy fe de estar despierto.?

Sin embargo... ?D?nde est? la inaprensible y transparente raya, que se?ale la separaci?n entre la realidad y los sue?os? ?Qu? lado de ese conf?n encierra la experiencia vivida y cu?l la vivencia so?ada?... Quiz? no exista esa frontera. Tal vez la raz?n y el delirio sean parte de la misma sustancia, y se entremezclen y unifiquen, como se unen el cuerpo y el Alma.

Estoy divagando, lo s?; mas siento la desaz?n que me produce a causa de mi ignorancia, la falta de respuesta a tanto enigma. Las horas pasan y quiero dejar de pensar en estos misterios, que comienzan a obsesionarme y reposar. Pero una y otra vez, ajena a mi voluntad, la misma pregunta no deja de martillar mi mente confusa y ya cansada: ?Qu? significado podr?a tener la ?superposici?n? del esp?ritu de Gandhi y el cuerpo de mi hija Elena?...


Publicado por pedrolamart @ 19:00  | RELATOS
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Comentarios
Publicado por Invitado
Jueves, 15 de noviembre de 2007 | 4:50
Definitivamente, que Ghandi tiene que ver con Elena en la parte espiritual, osea, esa ni?a es muy espiritual, tan espiritual como Ghandi, con una sabidur?a como la de Ghandi, lo interesante ser?a conocer como es la ni?a ahora.... que dones tiene.. o cual
Publicado por Dora
Domingo, 15 de noviembre de 2009 | 4:04
Qu? poderes se ocultan en nuestro cerebro? No sabemos mucho del funcionamiento del mismo y nuestra mente es un campo demasiado vasto y desconocido. Pareciera ser que a trav?s de los sue?os y en ocasiones, podemos conectarnos con hechos por venir. Tu hija de alguna manera se manifest?
1. Orinarse en cama, un hecho fisiol?gico que corresponde a la imagen de un ni?o peque?o.
2. Alterar el orden de nuestras rutinas al cambiar el puesto de la cama.
3. "Tocar" algo que te era tan "?ntimo"
Esa hijita tuya trae energ?a muy elevada. Cu?nto quisiera conocer m?s sobre este caso y c?mo ha evolucionado. Mil saludos y gracias por leerme.
Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 09 de noviembre de 2011 | 1:59

estoy soñando desde que tengo memoria cosas que pasan con cosas sencillas hasta cosas feas que pasaron quiero saber de este extraño don o maldicion que poseo ayudenme porque no quiero saber mas nada de esto....