viernes, 24 de febrero de 2006
SAN VALENTIN


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Todos sabemos que el día de San Valentín fue asignado por los grandes almacenes como el día de los enamorados. En realidad todo es una operación de marketing, para vender todo tipo de cosas supuestamente románticas: flores, joyas o un buen perfume. Sin embargo, ya que está institucionalizado este día como el de los amantes, yo debo sumarme a esta celebración, aún a riesgo de resultar cursi. Porque sí, yo también estoy enamorado, jejeje.

Opino que para el amor no debería haber un día concreto, pues si se ama de verdad, da igual que sea el día 14 de febrero o cualquier otro, para demostrar el amor a tu pareja.

Nada perdura en esta vida y hay quien piensa que el amor es tan efímero, que no merece la pena "tomárselo tan a pecho"; sin embargo, "cada uno habla de la feria según le va" y en mi caso y en el de mi pareja, nuestro amor ha resultado ser como las pilas de "duracel": duran... y duran... y... en fin, después de muchos años, seguimos sumidos en ese especie de atolondramiento que nos hace ver la vida desde una perspectiva dual: no sólo vemos por nuestros ojos, sino que percibimos todo a través de los ojos del otro. Que son los ojos del otro, dije antes, pero a la vez son los nuestros, porque si ella con sus ojos ve, yo sólo por sus ojos veo... que quitarme sus ojos… sería más que quedarme ciego.

Sé que a este blog entran personas con las mismas heridas: las flechas de cupido les traspasaron sus “tiernos corazoncitos”. Por eso pongo este post, para felicitarles, y desearles toda una vida de amor sentido y correspondido, hasta… ¿hasta que la muerte les separe?... Uffff

Para celebrar este día, el sábado 11 (el 14 era laborable) mi mujer y yo estuvimos en un magnífico hotel, tuvimos una cena romántica, tomamos luego unas copas y bailamos hasta bien entrada la madrugada.

Previo a la cena hubo una recepción en la que nos obsequiaron con un vino de Jerez y a las señoras le regalaron un clavel. Fue interesante ver la maestría con la que escanciaba el vino en los "catavinos" una preciosa joven vestida con el traje campero andaluz: botas de caña alta, pantalón negro con abotonaduras en las perneras, faja roja a la cintura, camisa blanca con encajes y botones cristalinos, chaquetilla negra, pañuelo rojo en el cuello y sombrero negro cordobés.
Era una belleza al estilo de los cuadros de Julio Romero de Torres: ojos grandes negros y luminosos, piel morena, pelo negro recogido atrás en un moño y labios rojos perfectamente perfilados. El óvalo de su cara quedaba bien enmarcado por unos aretes que pendían de sus orejas armoniosamente proporcionadas.
En el baile hubo un espectáculo andaluz y toda la velada fue amenizada por un conjunto que, aunque no muy bueno, para el caso supieron estar a la altura.

Finalmente nos fuimos a la habitación a… descansar.
A la mañana siguiente desayunamos abundantemente y después, cogiditos de la mano e intercambiando miraditas tiernas, dimos un paseo por la orillita del mediterráneo.
En fin, todo fue digno de repetir.

Llegamos a nuestra casa al medio día, y mi hija Elena nos invitó a comer.
Volvimos sobre las 16 h. y nos acostamos a dormir la siesta, ya que estábamos algo cansados.

Adjunto algunas fotografías del hotel en el que estuvimos.


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Publicado por pedrolamart @ 21:26  | PERSONALES
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