Domingo, 18 de junio de 2006
ELLA



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Su frescura e inocencia me cautivaron. A?n era una ni?a, pero su cuerpo apuntaba ya las formas de una bella mujer.

En sus ojos brillaba la promesa de una vida ilusionada y reflejaba, para m?, todos los misterios de la existencia. Su timidez la enmudec?a y el rubor de sus mejillas y sus nerviosos movimientos, me dec?an que, como yo, apenas despertaba a nuevas y enervantes sensaciones.

Sorprend? furtivas miradas que se cruzaban con las m?as, tan t?midas y azoradas como las suyas. Su delgado talle, sus largas piernas y la sinuosidad de sus caderas, hac?an que, a pesar de su estatura normal, pareciese tener una talla de mayor envergadura. Caminaba erguida y mostraba sus hombros redondeados y la piel de sus brazos presentaba el color y la textura de los melocotones en saz?n.

Era muy esbelta y tan delicada, que su aparente debilidad mov?a a la ternura. El ?valo de su rostro, perfecto y proporcionado, era el soporte ideal para sus grandes, verdes y chispeantes ojos. Sus labios finos, pero carnosos, sus bien perfiladas cejas y sus delicadas orejas, enmarcado todo ello por largos cabellos de brillante color miel, me atrapaban en el excitante embrujo del descubrimiento amoroso.

En aquel Domingo de Ramos del a?o 1.966, ambos despert?bamos a la vida y a ambos nos intrigaban y nos intimidaban los secretos que habr?amos de descubrir. Ella iba a cumplir quince a?os, yo reci?n los cumpl? y en aquellas dos semillas, todav?a sin eclosionar, germin? el amor de manera tan arraigada, que hoy, cuarenta y cinco a?os despu?s, a?n se conserva como las verdes y sazonadas hojas de un perenne y frondoso ?rbol.

Hoy doy gracias por haberla conocido, hoy, como ayer, confieso sin rubor mi amor por ella. Hoy quiero rendir mi voluntad y todo cuanto soy a ella, hoy quiero decir en p?blico que muero por ella, que la adoro, que es la raz?n que justifica mi vida.


Publicado por pedrolamart @ 22:18  | PERSONALES
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