domingo, 02 de julio de 2006
TESTIMONIO SOBRE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA


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No hay nada más terrible que una guerra civil. Hace tiempo que quería escribir algo sobre lo poco que mi padre se atrevió a contarnos; sin embargo, la falta de tiempo y de ganas, ha hecho que hasta ahora no haya escrito nada.

Hoy voy a contar, de manera superficial y rápida, una historia que mi padre nos narró sobre su experiencia:

Mi padre estaba a punto de licenciarse de la “mili” (por entonces duraba tres años) creo que le quedaban un par de meses o así, cuando estalló el mal llamado “alzamiento nacional” y a los tres años de servicio militar, le tuvo que añadir los algo más de tres años de guerra. Él nunca se había metido en política, por lo tanto, no tenía preferencias por ningún bando, aunque simpatizaba con la República y con el PSOE; para él fue lo más natural hacer la guerra junto al régimen establecido y defender la legalidad vigente por entonces. Además no había otro remedio: era militar en la zona republicana.


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Uno de los primeros frentes más sangrientos tuvo lugar en Extremadura. A unos kms. de Zalamea existe un alto (creo recordar que se llama Monte Quemado) desde el cual se domina una gran llanura, al sur, por donde avanzaban las tropas sublevadas, procedentes Sevilla. Mi padre, que era teniente, emplazó en una hendidura de la cresta del cerro cinco unidades de ametralladoras y consiguieron mantenerles a raya durante mucho tiempo; sin embargo, las fuerzas fascistas, mejor equipadas, avanzaban poco a poco y consiguieron desbordarles por los flancos. Los nidos de ametralladoras mandados por mi padre conseguían resistir, hasta que un avión apareció de repente y descargó con generosidad su mortífero cargamento.

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Fue un desastre: la mayoría murió despedazado y mi padre cayó gravemente herido con metralla por todo el cuerpo y desgarros muy profundos, provocados por las esquirlas de las rocas. El impacto más grave lo tenía en la cabeza y le destrozó el pómulo izquierdo, la sien y la mandíbula. No perdió el conocimiento y recordaba cómo los camilleros le llevaban como podían, casi a rastras, por la vertiente amiga del cerro, mientras las bombas estallaban a su alrededor, provocando nubes de polvo y proyectando sobre ellos piedras y tierra. Se salvó porque no había llegado aún su hora, pero las heridas eran verdaderamente feas.

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Lo llevaron al Hospital de Cabeza de Buey, pero a los pocos días lo tuvieron que evacuar, ya que el enemigo avanzaba casi sin recibir resistencia.
Lo ingresaron en el hospital de Lorca de Murcia y allí estuvo convaleciente, hasta que los fascistas conquistaron la ciudad y lo ingresaron en un campo de concentración. Allí estuvo pasando muchas penurias y viendo cómo rondaba la muerte a su alrededor. Todos los días “ajusticiaban” a muchos y los malos tratos y torturas era lo más normal.


Recordaba que, como estaban mal alimentados y pasaban hambre, se arriesgaban por la noche a traspasar los alambres de espino y aprovisionarse de naranjas de un huerto colindante. Por lo visto el propietario se quejó a las autoridades del campo y, una de aquellas noches, cuando estaban cogiendo naranjas, les enfocaron con potentes reflectores y, sin mediar palabra, los ametrallaron a discreción. Cayeron como moscas.

Antes de que le apresaran, mi padre iba mejorando de sus heridas y, junto a otros compañeros, salía del hospital para pasear y tomar unos “chatos” de vino en una taberna cercana. Como allí estuvieron varios meses, se hicieron amigos del dueño y mataban el tiempo charlando sobre las noticias que llegaban del frete. Un buen día, vieron aparecer en la taberna un individuo al que mi padre y varios compañeros, que también eran de Jaén, conocían. El tipo era conocido como un fascista irredento, perteneciente a una familia importante. La situación fue muy violenta, pero ese individuo logró convencerlos de que se había pasado de bando y ahora era un leal colaborador de la república. Tenía todos los documentos en regla y, además, un suboficial que iba con él, conocido de mi padre y de toda confianza, corroboró las explicaciones del tipo.

Las cosas quedaron así y desde entonces se veían con frecuencia. En realidad aquel facha era un espía del enemigo, pero no había pruebas de que así fuese. Pasó el tiempo y un día fue mi padre a la taberna en la que había quedado con sus compañeros, pero vio que no estaban. El tabernero le dijo que habían estado allí, pero que también había acudido el individuo de esta historia y que le daba mala espina: se lo habían llevado a la fuerza por la rambla arriba, en lo que parecía ser un “paseíllo”.

Mi padre salió corriendo y al fin los encontró: el traidor estaba de rodillas llorando y suplicando por su vida, mientras varios de los compañeros de mi padre le encañonaban.
Mi padre les dio el alto y, no sin trabajo, se impuso por su graduación y le salvó la vida. Lo entregaron a las autoridades y a los pocos días el tipo estaba suelto, paseándose ufano y proclamando a todo el que le quisiera oír dos cosas: que él era leal con la República y que le agradecía al teniente Labella que le hubiese salvado la vida. Sólo deseaba tener la ocasión de poder devolverle el favor.


Unos días antes de que las tropas franquistas entraran en Lorca, el individuo desapareció.

La guerra acabó y mi padre seguía en el campo de concentración pudriéndose junto a los demás, famélico, expuesto a enfermedades contagiosas y comido de piojos y chinches. Las torturas, fusilamientos y asesinatos se generalizaron y los vencedores, demostrando su gran sentido de los valores cristianos que tanto cacareaban, limpiaban España de rojos, masones, gitanos, afeminados, judíos… etc.


Había una forma de salir de allí: si alguien del régimen podía atestiguar que un preso no tenía “delitos de sangre”, lo liberaban.

Mi padre supo que el traidor al que había salvado la vida, ocupaba en Jaén un importantísimo cargo político y le pidió a mi abuela que hablara con él, que seguro le sacaría de allí. Mi abuela fue a hablar con él, le suplicó, le lloró… todo fue inútil. La respuesta fue que él le estaba muy agradecido, pero que no sabía si mi padre podía tener algún tipo de delito.


No sé cuanto tiempo estuvo en aquel infausto lugar, pero al fin fue liberado y retornó a Jaén, en donde sufrió durante mucho tiempo las arbitrariedades de los vencedores en una guerra que jamás debió producirse.
Publicado por pedrolamart @ 20:32  | ARTíCULOS
Comentarios (14)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Invitado
miércoles, 14 de noviembre de 2007 | 15:42
escribes con unas palabras muy difíciles de entender para una persona de calle como soy yo. pero felicidades por este texto porque me a ayudado muchoChica
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jueves, 10 de abril de 2008 | 15:24
Me gustaría hacer un trabajo sobre su relato,espero narrar su historia con respeto,como si fuese mia.Si puede aportarme alguna información más sobre esta estremecedora guerra estaria encantada de recibirla.Mi correo tania.vallina@gmail.com.Un saludo.
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viernes, 11 de julio de 2008 | 12:57
A tu padre le ocurri´´o lo que a muchos jovenes, en concreto a mi padre le ocurii´´o algo parecido, incluyendo sus simpatias por el orden establecido, pero la mili la estaba haciendo en Africa, por lo que qued´´o encudrado en el lado de los vecedores.
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viernes, 11 de julio de 2008 | 13:00
sigo: mi padre hizo toda la guerra como soldado y asi termino, por lo que veo que tu padre debio hacer muchos meritos pues en la batalla que fue herido era teniente.
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viernes, 11 de julio de 2008 | 13:02
sigo: si al drama de los combatientes que pasaron 3+3 años luchando en el lado en el que creian, imaginate si lucharon en el bando en el que no creian; y ademas ese bando gano.
Publicado por Invitado
viernes, 11 de julio de 2008 | 13:04
sigo: como conclusion, que los unicos que verdaderamente ganaron son los que siempre ganan en estas situaciones, de uno y otro bando, y nunca mejor empleada la palabra "bando", quiza mejor aun "bandas". Un saludo.
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jueves, 04 de septiembre de 2008 | 17:48
considero que su padre hizo lo unico posible en la epoca , lucho como un soldado fue justo como hombre y acabo pagando las injusticias y penalidades de una cruenta y malvada postguerra administrada a su gusto y placer por los vencedores
Publicado por Invitado
miércoles, 05 de noviembre de 2008 | 23:10
He leído su historia, su narración es dura y pura, pero al mismo tiempo se nota en su narración que no existe rencor. Usted mismo dice al final que esa guerra no debería haber ocurrido, y así debería haber sido, pero me entristece pensar que hoy existe.
Publicado por Invitado
miércoles, 05 de noviembre de 2008 | 23:17
He leído igualmente el comentario realizado por el invitado el 11 de julio de 2007, y es una realidad dura, eso tiene que ser trágico, luchar en un bando sin ideales para defender a la banda
Publicado por Invitado
sábado, 13 de diciembre de 2008 | 14:06
me ha gustado mucho la narración.Me serviria de mucho poder utilizarla, ya que hago un trabajo sobre el tema.Si pudieras facilitarme el nombre de tu padre y algo d imf sobre el,te lo agradecería.Gracias y perdón por las molestias.juliabeltran3@hotmail.co
Publicado por antonia
lunes, 04 de mayo de 2009 | 19:37
me gustaria poder hablar contigo ,busco familiar antoniacachi@gmail.com gracias
Publicado por antonia
lunes, 04 de mayo de 2009 | 19:39
me gustaria poder hablar contigo ,busco familiar antoniacachi@gmail.com gracias
Publicado por Invitado
viernes, 29 de mayo de 2009 | 7:53
mE a gustado muxo , tienes k tener vastantes fuerzas para poder poner i recordar todo eso de tu padre. Me a ayudado muxo ia qe teng k e decidio estudiar este tema. MUXAS GRACIAS!!
Publicado por Invitado
miércoles, 17 de junio de 2009 | 13:24
hola tengo 15 años y estoy haciendo un trabajo de la guerra civil y me gustaria saber el nombre de su padre pues lo pienso nombrar en mi trabajo