Viernes, 09 de febrero de 2007
EL MUNDO DE LA VIDA


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Hace millones de a?os, cuando el cosmos se expand?a en el caos de su creaci?n y nuestra galaxia a?n era joven; exist?an dos mundos en el mismo lugar y al mismo tiempo. Era como si uno se hallara en el seno del otro y, ?ste, dentro de aquel. Como si se unen dos pu?ados de arena: sus part?culas se entremezclan y confunden en uno solo; mas, sin embargo, no se conocen ni se sienten.

Aquellos mundos se superpon?an en un mismo espacio, coexistiendo en perfecta conjunci?n; pues mientras el uno carec?a de materia, el otro era material y se reg?a por las mismas leyes de la naturaleza, que las de nuestro propio universo. En realidad este mundo era el nuestro, mucho antes de existir nuestra civilizaci?n.
El otro, impalpable, sin peso ni medida, sin forma y sutil; se nos har?a imposible imaginarlo, ya que no se parec?a en nada al que conocemos.

All? no exist?a la fealdad, la angustia o el miedo; ni ninguna de nuestras bajas pasiones como la ira y el odio, la intolerancia, la avaricia o la ambici?n. Tampoco las cosas que utilizamos o los elementos que nos son vitales como el aire y el agua, porque no eran necesarios. La vanidad, el ego?smo y la arrogancia se ignoraban; pues son actitudes propias de nuestra exclusiva ?civilizaci?n?, tan torpe y perfectible. Nada hab?a de cuanto percibimos con nuestros sentidos, como la luz y la oscuridad, el fr?o y el calor. Nada de lo que podamos imaginar, con nuestras mentes mediatizadas y conformadas por el entorno material que nos rodea, exist?a en aqu?l mundo. Los animales, las plantas, las horas y los minutos tampoco se conoc?an, pues no exist?a ni el tiempo.

Aquel mundo estaba hecho de esencias de vida; de sue?os y sonrisas; de inocencia, de alegr?a y de amor. All? s?lo exist?an... ?las Almas de los seres que a?n no hab?an nacido!. Eran una rara energ?a que Dios pon?a en los beb?s, con el deseo de que vivieran como las criaturas m?s queridas de su creaci?n.
Aunque las Almas no conoc?an el universo material al que estaban destinadas, sab?an de su existencia, ya que era la raz?n de la suya propia.
Cada una de ellas viv?a porque eran la propia vida y, cuando hablaban, no lo hac?an con palabras, sino con la sola intenci?n de hacerlo... ?con el pensamiento! Entraban en los cuerpos de los beb?s antes de que ?stos nacieran y, de esta forma, les daban la vida; tambi?n la inteligencia, el sentido del bien y del mal, la intuici?n y la curiosidad y les ense?aban a conocerse y a relacionarse con todo lo que les rodeaba. En un principio eran puras, sin mancha; mas seg?n el ni?o se hac?a hombre el mal las contaminaba. Y, as?, segu?an en los cuerpos de las personas y cuando se iban, los cuerpos mor?an.

En aquel mundo m?gico estaba el ?ngel de la Vida; ?ste cuidaba que cada Alma viniese a la Tierra en un orden establecido, pues sent?an impaciencia, ya que no quer?an que naciera alguno muerto por no llegar a tiempo.
Sucedi? que una de estas Almas; ya sea por despiste, ya sea porque otra con inocente picard?a se le adelant?, perdi? su turno y qued? en aquel mundo, sin venir al nuestro. Cuando quiso cumplir su destino, el ?ngel, creyendo que la impaciencia la empujaba, con reproche le dijo:

- ?Respeta las normas y espera tu vez! ?No sabes que ?ste no es tu momento?... ?Espera a mi se?al, que en otra tanda ir?s!
El Alma, sorprendida por tan ins?lita situaci?n y tras justificar su conducta, con alarma as? le habl?:
- Escucha, Angel, te lo ruego,... ?no me dejes aqu?! Pues en la Tierra, en la que existe el tiempo, nada m?s llegar temo envejecer y... si envejezco, el beb? que me toc? en turno... ?sin tener ni?ez, morir?a antes de casi haber vivido!...
- ?Tienes raz?n!, -aprob? el ?ngel- ya que si esperas, cuando llegues all?, los siglos habr?n pasado... ver? qu? se puede hacer...
Y, tras pensar en la soluci?n, se le ocurri? una genial idea:
- Puesto que tu sino fue dar vida a un ni?o que ya no lo es, porque mientras hablamos y seg?n calculo, cuarenta a?os ha de tener... para no hacer un desatino con su primera Alma seguir?; mas, para ser justo contigo y porque a?n espacio habr? dentro de aquel viejo ni?o,... a ocupar tu puesto te voy a enviar.
Al o?r esto, el Alma se qued? pasmada.
- ?Dos Almas en un s?lo cuerpo pueden estar?
- Si haces lo que te digo, pronto podremos comprobar si tal cosa se puede dar.
Y, hallada la senda, penetrando en un hombre de cuarenta a?os vino a este mundo.

***


Cuando aquel d?a el hombre despert? se sinti? muy raro; y, sin saber por qu?, ?l que era tan formal, sin importarle nada con un aro a la calle march? a jugar.
Era el Alma reci?n llegada que, como ni?a, as? actuaba; mas, de pronto, el Alma antigua de aquel se?or, reaccionando con la ?cordura? que la edad aconsejaba, hizo que el hombre recordara que ya no era ni?o, sino mayor. Y, de repente, sinti? verg?enza temiendo ser motivo de burla.
- ?Qu? me ocurre?
Se pregunt? con horror. Y se fue a refugiar entre los grises y recios muros de su casa, para huir del fisgoneo de la gente.
-?Qu? me pasa?
Se repet?a una y otra vez; mas, sin hallar respuesta a los anhelos tan dispares y opuestos que, a su pesar, comenzaban a asaltarle. Y, dudando de su raz?n, escalofr?os de terror corr?an por todo su ser.

Y a partir de ese momento unas veces era hombre y otras ni?o. A veces era serio y triste; mesurado, responsable, ego?sta y antip?tico; pues pensaba que la vida no era m?s que estudio, trabajo, sufrimiento y ambici?n. ?l no perd?a su tiempo con el amor, la fantas?a o la ilusi?n. Cre?a que su af?n lo deb?a guiar a lograr riquezas y poder, ya que s?lo eran ?stas, las metas que ve?a dignas de su esfuerzo. Otras veces se un?a a la dulce m?sica, del pensamiento creativo y generoso. Entonces era simp?tico y gracioso; imaginativo, espont?neo y juguet?n. Y se admiraba de todo lo que ve?a, como si fuese nuevo para ?l.

Un d?a se cubri? el rostro con ?pinturas de guerra?; y con arco, flechas y una pluma de gallo sobre la oreja, a jugar con los chicos del barrio march?. Al ver estas cosas, la gente cre?a que aquel vecino, tan cuerdo en otro tiempo, hab?a perdido el juicio. Ya que no comprend?an una actitud tan rara en un hombre, por dem?s, tan prudente en sus actos, como fr?o y pr?ctico en su trato. Unos dec?an que era un ?loco de atar? y otros hablaban de doble personalidad; mas, los ni?os le ve?an, simp?tico ?a rabiar?.
Y entre locuras y buen tino, se le fue la vida incomprendido; a veces feliz y otras desgraciado con su sentido del rid?culo. Y lleg? el fin de los d?as de aquel hombre/ni?o, y al tiempo que el Alma hombre part?a a su destino, volvi? al mundo de la Vida el Alma ni?o.

***


Cuando el Alma lleg? ante el ?ngel, como ya conoc?a el dolor, con amargo llanto le dijo:
- El mundo de donde vengo es cruel, banal e injusto. A muy temprana edad se pierden la inocencia y la alegr?a, truncadas por una sociedad deshumanizada por in?tiles exigencias y sacrificios, que hacen desdichados a los hombres ingenuos y sencillos. Millones de ni?os mueren de hambre; mientras los mayores malgastan las riquezas en inagotables artilugios, que llevan sufrimiento y muerte a los pa?ses enemigos. ?Y nosotros damos vida a esos seres destructores, que por no respetarla merecen la muerte?. No quiero volver,... aunque fuese al cuerpo de un ni?o. ?No quiero!.
- En ese peque?o mundo no se conoce la felicidad; la sonrisa es forzada, los sentimientos innobles; al que es bueno tonto le llaman y al que enga?a sabio le ven,... y entre miserias y bajos instintos queman sus vidas sin ver, que a sus falsas glorias aventajan su maldad y el desprecio por todo lo que es noble y bello.
El ?ngel, al o?r esto, supo que el hombre no merec?a su esfuerzo. Y, con pena por los ni?os y los que jam?s llegaron a serlo, no envi? m?s Almas a este mundo nuestro. Desde entonces, todos los beb?s nac?an muertos; pues al faltarles el Alma eran igual que mu?ecos,... parec?an ni?os, s?; pero s?lo eran vac?as formas de carne y de huesos. Las mujeres que ilusionadas quer?an ser madres, lloraban tristes al no poder serlo; y m?dicos y curanderos, con su ciencia o magia, nunca les daban la vida a aquellos peque?os cuerpos. Y pasaron los a?os y los hombres se hac?an viejos,... ?lleg? un d?a en el que nadie sab?a de escuelas o de juegos!
?Qu? tristeza hab?a en la Tierra! Las personas sin tener hijos iban muriendo y sus herencias se perd?an por no tener herederos. Tal vac?o hab?a en sus vidas que, por faltarles ilusi?n, su ?nica ambici?n era... ?estar muertos!

Mas, el ?ngel, compadecido; envi? m?s Almas a la Tierra con el deseo de que el hombre siguiera existiendo. Pero,... ?ay! El tiempo, que en la Tierra segu?a corriendo, hizo que al llegar hallaran un mundo muerto.
Y fue de este modo como se extingui? aquella civilizaci?n tan antigua, de la que en la Tierra no queda recuerdo. ?Ay! Si el hombre no hubiese desterrado de su coraz?n el candor de su ni?ez...

Pero otra vez Dios hizo unos hombres nuevos, no muy distintos de aquellos; que por ser tan parecidos el ?ngel de la Vida teme hacer el experimento, de enviar Almas de ni?os a cuerpos de hombres ?serios?. As? que, si am?is la vida, no dej?is que el Alma envejezca con el cuerpo; si no quer?is que, como en aquel mundo, la tristeza caiga sobre el nuestro.

Publicado por pedrolamart @ 0:42  | CUENTOS
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