JAÉN, PUERTA DE ANDALUCÍA
Paso de Despeñaperros
La provincia de Jaén, por su ubicación y orografía, siempre ha sido baluarte y defensa de Andalucía a la par que tierra de paso (Yayyan en tiempos de Al Andalus, quiere decir “cruce de caminos”)
Desde tiempo inmemorial el paso de Despeñaperros abría y cerraba al norte, las tierras soleadas del sur a la meseta y al resto de la península. Tras sortear Sierra Morena por angostos y tortuosos caminos el viajero de la antigüedad se adentraba en el reino confederado de Turdetania, cuya capital era conocida por los griegos como Tartessos, por los fenicios como Tarchís y por los hebreos, en tiempos del rey Salomón, como Tarsis.
Cuando la invasión de los cartagineses seguía siendo conocida como Turdetania y los romanos la rebautizaron como La Bética, que ya, en el siglo VII, fue conocida como Al Andalus y así se denominó durante ocho siglos.
Pero en este escrito no pretendo hablar de la historia de Andalucía, ni siquiera de la de Jaén. De lo que quiero hablar es de Jaén ciudad, la gran desconocida, porque sigue siendo hoy en día “cruce de caminos”: miles de viajeros cruzan su paisaje, pero siempre pasan de largo camino del resto de Andalucía.
La historia y la cultura de esta ciudad son amplísimas y apasionantes para el estudioso y su monumentalidad, su gastronomía y el acogimiento de sus gentes para con el forastero, hace de esta ciudad y las ciudades y pueblos de su provincia un destino turístico de primer orden; aunque poco desarrollado por el momento.
Por razón del poco espacio en este Blog y con el ánimo de no aburrir a las personas que se decidan a leer estas páginas, me propongo hablar de mi ciudad de nacimiento de manera sucinta y en varios capítulos, cada uno de ellos versará sobre uno de sus monumentos.
En esta primera entrega os voy a presentar su Castillo.
CASTILLO DE SANTA CATALINA
La ciudad de Jaén se asienta en las faldas del cerro de Santa Catalina y en su cúspide se encuentra el actual castillo proyectado por Fernando III tras la conquista de Jaén en 1.246. Con este monarca se iniciaron las obras que se ejecutaron en su mayor parte por sus sucesores. Para su construcción se destruyeron algunas torres y lienzos de muralla de la antigua fortificación andalusí, cuyas instalaciones principales estaban ubicadas más al este y sus ruinas subsistieron hasta 1.965, que fueron destruidas sin contemplaciones para la construcción del Parador Nacional.
Hasta bien entrada la segunda mitad del pasado siglo XX se podía vislumbrar las murallas y torres que abrazaban a toda la ciudad antigua, no obstante, estos vestigios han ido desapareciendo en nombre de la modernidad y de los intereses especulativos.
Aún hoy, se puede apreciar algunos tramos de dichas murallas que, partiendo hacia el norte del Alcázar, bajaban por la ladera, al oeste de la ciudad y cerraban el círculo defensivo, subiendo por la escarpada vertiente del este, hasta la torre de la Vela.
Entre los siglos XIII y XV se desarrollan las obras de construcción con sus seis torres y lienzos de muralla que configuran a esta fortificación.
Durante el siglo XVII se ejecutaron obras de importancia para la reutilización y adecuación de las dependencias internas: habitaciones, almacenes etc.
Finalmente, antes de las recientes obras de restauración, a principios del siglo XIX, las tropas napoleónicas efectuaron reformas para adecuar la fortaleza: polvorines, caballerizas, etc.

Vista desde el Oeste. En primer término el Parador Nacional, en el sitio en el que se ubicaba el Alcázar Viejo.
Vista desde el Norte y restos de murallas.
Vista desde el Este.
Vista desde el Sur.
Puerta principal, desde la que se ve la Torre del Homenaje.
Vistas desde los barrios antíguos.
Vista del patio, con la cruz al fondo.
VER ESTE ENLACE: http://www.youtube.com/watch?v=e0expKK_sdU