Martes, 24 de abril de 2007
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LA ALQUIMIA DEL SENTIDO COMÚN




El ser humano debe de ser consciente de sí mismo y tener la voluntad de evolucionar en su propia construcción.  Desde que nacemos, nuestra mente absorbe información de manera continua, incluso cuando dormimos.  Esa información la transformamos en ideas que nos forman, tanto espiritual como físicamente, de manera que el cerebro, a la vez que procesa los datos, crea enlaces físicos que lo expande y consolida hasta su total desarrollo.  En los primeros años de nuestra existencia, casi toda la información proviene del exterior, ya que la conciencia aún no está formada.

En la mayor parte de nuestra vida, lo externo influye en nosotros más que el interior; pues vivimos en una sociedad que minusvalora nuestro propio pensamiento y magnifica e impone, mediante la educación y las necesidades materiales y físicas, la exigencia de interrelación con los otros y nuestro entorno.

No obstante esto, creo que lo más importante es nuestro interior, porque en él toma forma nuestra particular manera de ver la vida, sentirla y entenderla.  Sin embargo, aunque es verdad que el exterior está lleno de conceptos ajenos al yo, no hay duda de que el ego es influido por él y debemos adaptar nuestra personalidad a esa realidad; si no, nuestra vida carecerá de sentido y seríamos incongruentes.

Entre lo personal y lo general debe haber una interacción armónica y, tan importante es enfrentarse al exterior con ideas propias, que asumir lo exótico, lleno de mensajes ajenos, pero adaptados a nosotros mismos; pues ese mundo exterior, al ser percibido por nuestra mente, adquiere el sello de nuestra particular forma de verlo.

"El dinero no hace la felicidad", frase lapidaria propia de pobres conformistas o de ricos interesados.  Es cierto que sólo el dinero no la hace, pero ¿qué es la felicidad? A mi modo de ver, es la percepción de la armonía entre los sentimientos y los sentidos.  Es la suma de toda experiencia, en un maridaje consecuente, entre lo interno y lo externo. Es, sobre todo, libertad.  La libertad de elegir según el libre albedrío.

Esa es la "piedra filosofal", la alquimia del sentido común, el centro y pieza maestra del puzzle de la existencia.  Sin libertad es imposible construir el edificio de nuestras vidas, asentándolo en cimientos seguros y de acuerdo al feliz desarrollo del Espíritu.  Sin esa piedra, bastará el mínimo temblor de la indecisión, la ignorancia o la desinformación real o inducida, para que el sismo destructor de la infelicidad, derruya todo el edificio.

El dinero, como riqueza que nos hace "superiores" al resto de los mortales o como fin de nuestros esfuerzos egoístas y autocomplacientes, no trae la felicidad; pero el dinero como poder, entendiendo el poder como libertad de acción, es básico para alcanzarla.  Si se es rico, se tiene la libertad de escoger.  Si se es pobre, la libertad no existe, ya que lo básico es sobrevivir en una sociedad mercantilista y deshumanizada, que requiere del dinero para todo.

¿Hay algún pobre que pueda influir en el bienestar de la humanidad? ¿Acaso un pobre puede erradicar el hambre del mundo, cuando su primera necesidad es huir del hambre propia?  Un pobre puede ayudar con mil sacrificios a alguien necesitado y sólo durante poco tiempo, pero su "gotita de agua" se perderá irremisiblemente, ante la extrema aridez de la miseria.

¿Habrá mayor gloria y felicidad, que tener el poder de salvar de la muerte por inanición a millones de niños desfavorecidos?  ¿Acaso no sentiríamos felicidad, si financiáramos a los grandes laboratorios y suministráramos a precios módicos o incluso gratuitos, las medicinas que salvan vidas?

El dinero es necesario para alcanzar la felicidad; pues nos hace libres, en tanto nos facilita los medios para el estudio, para socorrer a quien lo necesite y para emplear nuestro tiempo de manera creativa.  No hay mayor libertad que el poder hacer lo que se desee, donde, cuando y como se desee.  Depende de cada uno cómo emplear ese poder y, por eso, hay que trabajar nuestro interior para que nuestro Espíritu y nuestra mente, sean consecuentes con nuestra conciencia.

Hay un puñado de personajes en el mundo, que atesoran la mayoría de las riquezas.

Tal vez, a estos personajes, cualquier persona normal, de las que se levantan todos los días para conseguir el sustento de su familia y hacen malabarismos para acabar el mes con sus míseros salarios, pudieran indicarles cómo llenar sus vidas regaladas y vacías.

¡Qué maravilloso es el interior de esa gente, visto desde su propia perspectiva! ¡Qué gozo sienten, complaciéndose en ellos mismos! ¿Nunca aprenderán?

Esta sociedad no tiene futuro, como no tiene futuro el ser humano, con el diseño y la construcción que hoy esgrime.
Publicado por pedrolamart @ 1:12  | ART?CULOS
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Publicado por merops_apiaster
Martes, 15 de septiembre de 2009 | 5:24
Nec certam sedem, nec propriam faciem, nec munus ullum peculiare tibi dedimus, o Adam, ut quam sedem, quam faciem, quae munera tute optaveris, ea, pro voto, pro tua sententia, habeas et possideas.