En 1.971 la prensa y la televisión se hicieron eco del invento del siglo: “¡Un joven idealista, ha desarrollado un sistema electrónico para que los ciegos vean”!
Era una idea revolucionaria y futurista, por cuanto la tecnología necesaria era utópica para esa época.
El joven soñador, intuyendo el futuro, tenía claras las soluciones y sólo necesitaba apoyo en medios técnicos y financieros. Ninguna entidad pública o privada creyó en él y, ciertamente, fue una ocasión perdida.
¡Lástima que perdiera el tiempo de esa forma, en vez de patear un balón con soltura!