Las manos de su enamorado desprendían un penetrante calor sobre las de ella, al tiempo que sus palabras se infiltraban en su mente y creaban en su espíritu balsámica esperanza.
“¡Mañana habrán desaparecido!”
Aquellas palabras, de dulce y enternecido acento, emocionaron a la joven y le hicieron creer en el milagro de la curación.
A la mañana siguiente sus manos estaban limpias: milagrosamente, las verrugas desaparecieron sin dejar rastro.
Gracias por entrar y leer en mi bog, Mabel.
El amor, antes que la fe, mueve montañas.
El amor es la fuerza creativa más poderosa y hace que el organismo libere, las sustancias curativas que alberga nuestro cuerpo.
Un beso.