“La gente es buena ¿Verdad mamá?”
Preguntó el hijo adolescente.
Ella sonrió con tristeza y asintió. Mientras, recordaba el libidinoso acoso del cura, los abusos del señorito y las palizas de su borracho marido.
El niño percibió la sombría mirada de la madre, aunque no entendió los motivos. Creyó que él la había herido con su inocente pregunta y se sintió culpable.