“La gente es buena ¿Verdad mamá?”
Preguntó el hijo adolescente.
Ella sonrió con tristeza y asintió. Mientras, recordaba el libidinoso acoso del cura, los abusos del señorito y las palizas de su borracho marido.
Le adoraba sobre todas las cosas, a pesar de las palizas y el hambre a que le tenía sometido.
Cuando su amo murió, pereció de inanición, aullando su tristeza sobre la tumba.