Martes, 04 de agosto de 2009


NOSTALGIA



Hoy he vuelto a pasar por aquellos senderos y me he esforzado en recordar, entre las brumas nebulosas de la memoria. He querido identificar las huellas de mi pasado, entre el caos de las ruinas y la vegetación salvaje, en los jirones de senderos ya casi borrados y oteando el trasmutado horizonte.

He paseado bajo el mismo Sol, ante la misma playa, entre los calveros y los artificiales lagos, que jamás allí existieron. He encaminado mis pasos sobre el suelo que hollaron mis pies, cuando su huella era leve y mi alma aprendía a amar esa tierra. He contemplado con dolor la rivera despoblada de aquellos álamos, olmos y eucaliptos, que otrora la poblaban. He percibido el desagradable olor del cieno bajo las aguas contaminadas del río; ese mismo río que bullía de vida y circulaba transparente, donde yo nadada en sus apacibles corrientes, moderadas por la suave marea del Mediterráneo.

Hoy he recordado con nostalgia las tierras roturadas con técnicas ancestrales, sabias, naturales y nada agresivas, al uso en aquellos años. Eran enriquecidas sin químicas, con estiércol y con el mantillo que quedaba en la superficie, depositado por las crecidas de los ríos cuando aún no habían sido domados, con represas y canalizaciones.

Hoy he transitado por las ruinas de mi pasado y, no sin esfuerzo, he reconocido entre las dunas desaparecidas, la planicie en la que enterramos con pesar el cuerpo de Curro; un caballo de raza árabe, de dulce y a la par brioso carácter, orgullosa pose y formidable estampa. Recuerdo aquel cortejo fúnebre, hace cincuenta años, en el que compungidos, niños y adultos le dimos el último adiós. ¿Seguirán allí sus huesos? ¿Seguirá allí su esqueleto descarnado?... Sentí deseos de escarbar en la arenosa tierra para descubrirlo y confirmar así, que mis recuerdos no forman parte de un sueño y que en verdad existió, lo que hoy es tan difícil de identificar.

He hallado restos del murete de la tajea, en el que estuve sentado junto a mi primer amor y he rememorado sus áureos cabellos y el inefable perfume de su joven cuerpo. Con los ojos de la mente he vuelto a ver a los braceros bañados en sudor, perfilando acequias, injertando los frutales o cortando las cañas de azúcar y he vislumbrado, por un momento, al “tío de la cachimba”, con su sombrero de paja, su mosquetón en bandolera y su pipa apagada.

He vuelto a imaginar a los bueyes uncidos a su yugo, obedientes a la vara de Juan, el bollero; he vuelto a oír la polifónica música de las aves, el reptar de los reptiles y los coros de grillos y ranas; he vuelto a revivir la armonía de una tierra bendecida y he sentido en mi piel, la cálida y a la vez fresca brisa, bajo un Sol ardoroso y la humedad del río y el salitre del mar.

He revivido aquel efímero paraíso y me ha entristecido la esquilmación y decadencia a que ha sido sometido, no por el paso destructivo del tiempo, sino por la inconsciente ambición de los hombres. He comprobado que, como nosotros, la Naturaleza envejece, se arruga, le aparecen manchas en la piel y sufre de la nostalgia de épocas mejores; pero también, he comprobado que bajo ese manto de corrupción, perdura la belleza que a duras penas se identifica o se presiente, retenida algo de su esencia.

Hoy he vuelto a pasear por aquellos desdibujados carriles y, entre la pena y la emoción, he gozado reviviendo mi niñez. Hoy he decidido volver con frecuencia y revitalizar, con la magia de mi deseo, su mustio paisaje. He decidido insuflar sabia regeneradora, con la simple fuerza que proyecte mi memoria, cual poderoso sortilegio creativo.

Hoy he vuelto a sentir la paz de la comunión con la naturaleza y he alegrado a mi espíritu, infiltrándolo de ella y autenticando mi alma.
Hoy, entre nostalgias, he sentido la esperanza en un constante renacer, a pesar de la especulativa ambición de los hombres.

Publicado por pedrolamart @ 13:56  | PERSONALES
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