S?bado, 08 de agosto de 2009

                                       
                                                      
                                         PREMONICIÓN
 


                                                                          

Poco a poco iba siendo consciente de la realidad, inmerso en percepciones contradictorias. Dudaba de si mismo y no tenía claro si soñaba o salía de una pesadilla. Se encontraba en un duermevela, puesto en la frontera entre la verdad objetiva o la inconsciencia.

Oía el reverberar distorsionado de conversaciones a su alrededor, sin comprender ni aprehender el significado de las palabras. Se sintió profundamente cansado y optó por no abrir los ojos y abstraerse de cualquier estímulo, para concentrarse en sus pensamientos.

Por su mente pasaron imágenes de pesadilla: las gentes vivían hacinadas, con un frenesí de colmena, que evitaba la introspección y hacía desdichados a los hombres, entre inhumanas experiencias. El clima y la atmósfera, alterados por la depredadora actividad del más salvaje capitalismo, hacían difícil la supervivencia. Los valores habían cambiado y los hijos no respetaban a los padres. La familia, como núcleo fundamental de la sociedad, estaba desapareciendo.
Un mal entendido feminismo, revanchista y reaccionario, pugnaba por sustituir el machismo, cambiando la injusticia por venganza indiscriminada. La guerra de los sexos, planteaba batallas, en las que sólo había perdedores.

La vida humana carecía de valor y el poder residía en la alienación de las gentes, manipulando el pensamiento y magnificando la clasista esencia del dinero. Las naciones fabricaban armas apocalípticas, que amenazaban con la total destrucción. Las guerras se dirigían desde las seguras poltronas de los despachos y las máquinas destruían millones de vidas, a considerable distancia. Las comunicaciones eran globales y abarcaban, de manera instantánea, toda la tierra. El hombre era espiado y encasillado en estrechos márgenes; las gentes volaban en monstruosas naves, que en sus enormes panzas, alojaban y digerían, sin afectarles, a cientos de seres humanos. Las aguas eran horadadas y transgredidas por máquinas de ciencia ficción y la Luna había sido mancillada, como predijera en su calenturienta imaginación Julio Verne. El hombre sondeaba el espacio, con la ambición de colonizarlo y se sentía un Dios, subvirtiendo el orden de la creación. El Apocalipsis estaba al caer y los poderosos, conscientes de ello, ponían su empeño en la conquista del espacio; mientras, abandonaban a su terrible suerte, a la mayoría de los pueblos. Como nunca las hambrunas y la maldición de raras enfermedades, diezmaban la vida. La civilización transitaba por su decadencia y su fin estaba cercano…

Semiinconsciente, a duras penas, pudo distinguir las palabras “es milagroso que aún viva, tras el atropello que sufrió por aquel carruaje… Ahora se debate entre la vida y la muerte y nada puede hacer ya la medicina. Depende por entero a sus ganas de vivir, para que se recupere”…

¿Accidente… carruaje?... Pudo vislumbrar los cascos de los caballos que le pisotearon… Pudo recordar el mundo en el que vivía, en 1.909 y ansió en el alma que no cambiara. Pidió a Dios el milagro de una evolución más humana, que la intuida en aquellos sueños. Sin saber por qué, asumió las visiones, situándolas al final de su siglo o al principio del siguiente. Sabía que a través de esos sueños, había viajado al futuro; sabía que su mundo se desvanecería y sería sustituido por aquél que le había sido dado conocer, en aquellas premoniciones.

Estaba aterrorizado…

“Su vida depende de sus ganas de vivir”…
Aquella frase fue reveladora y, con la esperanza de librarse de tan cruel destino, decidió no seguir viviendo.



 




Pedro Lamart 
8 de agosto de 2009

Publicado por pedrolamart @ 13:15  | RELATOS
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Comentarios
Publicado por Manel Aljama
Domingo, 23 de agosto de 2009 | 23:46
He tenido ocasi?n de leer y comentar esto en GB. Ahora adem?s de lo bueno que vi, aprecio un fino fresco de la despiadada sociedad global y actual.
Publicado por Invitado
Lunes, 06 de diciembre de 2010 | 20:19

Está bonito, pero no me gusta el final. Preferiría que hubiese elegido vivir.

Un saludo.