martes, 01 de septiembre de 2009



EL ENTE

A Carlos le encantaba estar a solas, sin más compañía que la de sus libros. En ellos estaba compilado todo el saber de este mundo y se sentía orgulloso de poseer aquel tesoro. Los iba ordenando por temas, tamaños y tipos de encuadernación y, a medida que lo hacía, recordaba con fugacidad los mensajes que contenían y el vasto conocimiento que encerraban. Geografía, viajes, historia; arte, ciencias, filosofía, matemáticas y astronomía; tratados de ciencias ocultas, psicología y psiquiatría. También había volúmenes sueltos, de temas que en algún momento de su vida le interesaron conocer, desde óptica y oftalmología, a cursos de fotografía e informática, formularios de perfumes y catálogos de numismática…

Se jactaba de haberlos leído todos y de poseer un espíritu renacentista, ansioso por adquirir un conocimiento universal. Pero, sobre todo, le apasionaba la literatura y él mismo había creado relatos, ensayos, novela, artículos y poesía. No se consideraba poeta ni escritor, pero su amor por la lectura, le llevó a gustar de expresar sus múltiples inquietudes, publicando algunos libros con cierto éxito.

Aquella tarde el Sol se ocultaba ya en el horizonte y la habitación iba llenándose de sombras. Pensó encender la luz y seguir con su tarea, cuando un resplandor a su espalda, le hizo volverse sobresaltado.

*** 

Entre la creciente penumbra, comenzaba a manifestarse una extraña luminosidad azulada, que se iba tornando en un blanco cegador. Aquella luz fue perfilando una forma humana, un ser evanescente, que tomaba corporeidad de forma pausada, pero cada vez más contundente. Aunque sintió sorpresa y curiosidad, no experimentó temor ni alarma, pero el estupor le paralizó.

-¿Quién eres?- preguntó expectante.

Aquella radiante forma se agitó y, con voz impersonal y profunda, dijo:

- Soy más de lo que ves…

Aquella extraña respuesta, acentuó aún más su curiosidad.

- Veo una forma humana, envuelta en luz, imprecisa y misteriosa- le respondió- Pero no sé si eres real o sólo producto de mi imaginación…

- Yo soy el nexo entre tu consciente y la realidad subjetiva de tu alma. Soy espíritu y energía, tu referente celeste y tu verdad cósmica…

- Dime… ¿Eres acaso un ángel… tal vez seas un demonio?...

- Esos son conceptos reductores de mi esencia, pues abarco ambos. Me puedes llamar Ente.

- Pero… con eso no me aclaras si eres una alucinación o el mero producto de un sueño…

- ¡Yo soy real! En mi están los dos polos de la energía de la vida. Soy atracción y repulsión, lo deseado y lo maldito… El bien y el mal…

- ¿Quieres decir que el bien y el mal son lo mismo?...

- El bien y el mal son las dos facetas de una misma moneda… ¡Yo soy la moneda! Soy un ser puro y en mí reside el poder de determinar tu futuro…

- Entonces… si puedes determinar mi futuro… ¿Tienes poder para cambiar las cosas?...

- ¡Sí!

- ¿Podrías hacer realidad mis deseos?...

- ¡Sí!

- Si te pido seis deseos… ¿Me los concederías?…

- Sí, pero piénsalo bien antes, porque los cambios serán irreversibles.

- Los tengo pensados y nada negativo me sucederá, si te atienes a mis deseos…

- Pues formúlalos. Te prometo que sucederá tal cual tú me solicites.

- ¡Bien!... veamos… No quiero esforzarme con movimientos inútiles…

- ¡Así sea!

- No quiero ver la fealdad del mundo…

- ¡No la verás!

- No quiero oír sonidos desagradables…

- ¡No los oirás!

- No quiero oler apestosos efluvios…

- ¡Así será!

- No quiero sentir ásperos roces…

- ¡No los sentirás!

- No quiero gustar amargos sabores…

- ¡No los gustarás! Ahora… ¡Duerme!

Y, esperanzado en una vida agradable, entró en un profundo sueño.

***

Cuando su mente despertó quiso incorporarse, pero no pudo.

Quiso mirar a su alrededor, mas no vio nada.

Quiso oír los sonidos, pero tan sólo percibió el silencio.

Quiso oler el aire y no distinguió aroma alguno.

Quiso sentir el tacto, pero nada notó.

Centró su atención en su paladar, pero no gustó nada.


Se dio cuenta de que sus sentidos no existían y que sus fuerzas le habían abandonado. La vida parecía haber huido de él, mas su mente, activa como nunca, le hacía consciente de su existencia. Era un organismo pensante, fisiológicamente activo, pero sin sensibilidad alguna. Sólo le era dado pensar y revivir, indefinidamente, los hechos acaecidos en su pasado.

Recordó aquél ser de luz y pensó que el culpable de su desgracia era el Ente.

- ¿Qué me has hecho?- Preguntó alarmado.

- Hice realidad tus deseos…

- ¡No es cierto! Mis deseos eran excluir lo malo de la vida…

- ¡Justamente eso hice!...

- Pero… ¿Por qué me has dejado vegetando, sin sensibilidad alguna?...

- Quisiste obviar la cruz de la moneda y eso hice… mas la cara forma parte indisoluble de su esencia y negando una faceta, desaparece la otra…

- Pues deseo que deshagas este maleficio…

-¡Imposible! Te advertí que era irreversible…

- Pues, para vivir así… prefiero morir… ¡Envíame la muerte!

- Es la única cosa que no puedo hacer. Vivirás así, hasta que llegue el fin de tus días.

***

Y así, durante años su mente repasó sin descanso su pasado, mientras su cuerpo, intubado y conectado a las máquinas del hospital, se iba consumiendo, insensible a todo.


Tags: Cuentos

Publicado por pedrolamart @ 20:25  | CUENTOS
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