Martes, 19 de octubre de 2010

JULIO DE 1969

En aquel tiempo las comunicaciones eran tan deficientes, que la separaci?n era plena. Sin el consuelo de escuchar nuestra voz con la frecuencia que hoy solemos a trav?s de la telefon?a, sin medios de transporte ni posibilidades econ?micas, la distancia s?lo era salvable a trav?s del recuerdo y la imaginaci?n. Ambos sufr?amos el dolor de la cruel amputaci?n de la mitad casi f?sica, pero relista, de nuestras j?venes y apasionadas esencias. Ambos sent?amos que la vida se apartaba, que agoniz?bamos en la distancia y que mor?amos sin morir, para nuestra desesperaci?n.

Al fin, despu?s de siete meses de a?oranza y tristeza, ella, con sus padres, pasar?a unos d?as junto a m?, para despu?s alejarse de nuevo. Durante unos d?as ser?amos felices con s?lo estar cerca, con mirarnos, con musitar -rehuyendo el asfixiante marcaje a que estar?amos sometidos- un simple ?te quiero? y alguna espor?dica caricia. Nos saludamos sin un beso, sin estrecharnos en un abrazo, con un simple ?hola? que abarcaba todo un mundo de deseos, ternura y pasi?n. As? era la relaci?n de los enamorados, en aquella gris y reprimida sociedad. Por entonces, todo era ?pecado? y hab?a que ahogar los instintos m?s naturales.

Baj? de aquel autob?s con la majestad de su belleza, con sus cobrizos cabellos ondeantes y su delgada presencia, cual evanescente rayo de sol, abri?ndose a trav?s de un cielo borrascoso que daba paso a la m?s dulce armon?a, despu?s de la tormenta. Su luz obscureci? todo el entorno, concentr?ndose deslumbrante en mis ansiosas pupilas. Todo parec?a desvanecerse y dejaba de tener sentido, ante aquellos ojos cristalinos, almendrados y verdes, que me subyugaban y me hac?an reo enternecido, de un vibrante y apasionado amor.

El tiempo parec?a remansarse en aquellos espejos l?mpidos y reposados, en los que se reflejaban para m?, el misterio arcano y a la vez expresivo, de su inocente y limpia alma. Al fin, despu?s de un largo periodo de sombras, recib? la radiante sensaci?n de la felicidad m?s plena. Al fin, tras larga ausencia, ven?a a m? con la misma ansia, el mismo anhelo, con que yo la recib?a. Al fin nuestros corazones, aunados, se sintieron renacer en la plenitud, que fund?an en una sola alma nuestras almas.

Nos tomamos t?midamente, apenas rozando, de las puntas de los dedos y ese ligero contacto fue como un b?lsamo, que cur? en el acto todas nuestras heridas y nos reconcili? con la raz?n de nuestra existencia.Ten?amos que refrenar nuestros deseos y, apenas sin palabras, con s?lo miradas y sonrisas, nos comunicamos con elocuencia los sentimientos que despertaba, pujantes y estremecidos, nuestra inmensa pasi?n. Fueron tres d?as en los que tem?amos la llegada de un final inevitable y en los que el tiempo parec?a acelerarse, llen?ndonos de angustia; pero tambi?n fueron horas de m?gicas experiencias, vividas con la plenitud de nuestros sentidos, inmersos en la grandiosa aleaci?n del crisol divino de nuestro amor.


Publicado por pedrolamart @ 23:59  | PERSONALES
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Comentarios
Publicado por Manel Aljama
Mi?rcoles, 27 de octubre de 2010 | 14:45

Precioso texto que evoca un tiempo de dificultades y de amor (en blanco y negro) . Le pega una música de fondo y hasta podría ser un corto. Bueno.

Publicado por Invitado
Domingo, 12 de diciembre de 2010 | 11:23

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