martes, 15 de febrero de 2011

 

MI PRIMER AMOR

  

Ya se ocultó el sol, tras un horizonte de tonos cobrizos; se apagaba y hacía uniforme el variado verde de los árboles y la silueta de las montañas se tornaba de vago gris. Los braceros, sentados en corrillo, esperaban la cena en animada charla, mientras bebían vino y rasgaban una guitarra. A veces, después de un día agotador, todos gozaban del placer de su mutua compañía, de compartir sus anhelos y la calidez de su amistad. A aquella reunión asistían los trabajadores de la finca, mi tío Faustino y "el cachimba".

Alborotando alrededor, jugábamos los niños y niñas, sin tregua al descanso. Yo he sido siempre un niño muy tranquilo y, más que participar en las travesuras propias de mi edad, estaba embobado, pendiente de Rosita.

Era una niña de ojos azules y trenzas doradas, de la que estaba perdidamente enamorado, pero a la que no me atrevía a decirle nada. Bastaba una fugaz mirada que ella me dirigiera, para que el más violento rubor me embargara. En mi memoria tenía siempre presente, la insinuación que me hizo hacía unos meses:

"- Pedrín- me dijo- eres un niño muy guapo. Me gustas.

Yo me quedé cortado, sin saber qué decir.

-¿Estás sordo?- me dijo pasados unos minutos, al ver mi silencio

-He dicho que me gustas y... me gustas mucho. ¿Te gusto yo?... dime, ¿soy bonita?- me preguntó, mientras con un gesto coqueto, se apartaba el flequillo de la frente.

-¡Sí!- acerté a contestar yo, con un hilo de voz, rojas mis mejillas y sin saber, nervioso, dónde poner las manos.

-¿Eso es todo?- me reprochó- ¿Sí? ¿No me dices algo más?... ¡menudo hombre estás hecho!- Me recriminó con un tono de desprecio, que hizo que me avergonzara.

-Pero yo... -balbuceé- ¡Yo no soy un hombre! ¡Soy un niño!... ¡Sólo tengo ocho años!...

Lo dije con voz triste e insegura; pero, inmediatamente, atropellando las palabras, aclaré para darme importancia:

-¡Bueno... casi nueve!...

Claro que me gustaba. ¡Me gustaba mucho! Cuando la veía un raro temblor se apoderaba de mí, que hacía que azorado me alejara de ella. No sabía qué me pasaba, pero me sentía tan confuso en su presencia...

-¡Sólo tengo ocho años... sólo tengo ocho años!

Se burló imitando mi tartamudeo...

-¡Imbécil!- soltó, ofendida por mi torpeza.

- Tú eres muy mayor- me defendí- ¡Tienes casi catorce años!... Manolo es de tu edad ¿porqué no te metes con él?

-Tonto, él no me gusta, me gustas tú..."

Aquella niña era hija de Juan, el boyero. Me tenía loco. Si no la veía deambulaba inquieto alrededor de su casa, ansioso de verla; pero cuando al fin aparecía, me alejaba con un nudo en la garganta y una extraña arritmia en el corazón, que me dejaba sin resuello.

Por un momento aparté mi fascinada mirada de ella y observé el fuego de leña, en el que trajinaban las mujeres, que guisaban en sartenes apoyadas en unos trébedes. Los hombres animaban con palmas a uno que cantaba, en tanto que el cielo se encendía de estrellas. A través de aquella atmósfera incontaminada, se veían rutilantes las constelaciones.

Era septiembre y la temperatura veraniega. La brisa del mar refrescaba el ambiente y el aire se saturaba con la grata fragancia de la Dama de Noche, según sus pétalos se abrían.

De repente, todo el encanto se quebró y se hizo el silencio. Yo no sabía qué pasaba, pero todos los rostros se tornaron serios y mi tío se fue con apresuramiento a su casa. Yo le quise seguir, pero la madre de mi enamorada me retuvo con la excusa de que la cena ya estaba servida. Rosita me dedicó una sonrisa tan hechicera, que pronto se me fue toda curiosidad por saber lo que ocurría.

Al poco, vi aparecer a mis tíos con sendas maletas. Me indicaron que ellos tenían que ir a Madrid para unos asuntos de la finca. Yo me quedaría unos días en casa del boyero, mientras ellos estaban fuera. Aquella noticia me encantó, ya que viviría en la misma casa de Rosita y guardaba la secreta intención de perder mi timidez y pedirle que fuese mi novia.

Mis tíos se fueron y, después de cenar, las mujeres y los hombres participaban de una animada charla. Los cantes y la guitarra fueron abandonados, sin saber yo el motivo.

Rosita y yo nos apartamos unos metros y nos sentamos sobre el borde de una tajea. Yo la miraba a hurtadillas, pues no me atrevía a enfrentar su mirada. Sentía deseos de hablarle, pero aquella carita de ángel y, sobre todo, los dos bultitos que se adivinaban bajo la blusa a la altura del pecho, me intimidaban sobremanera. El sentimiento de impotencia y el miedo al ridículo me hicieron tomar la determinación de huir... ¡Siempre igual!... Siempre me sentía así, cuando estaba junto a ella.

-Mira, Pedrín- me dijo- aquél grupo de estrellas se llama El Carro. ¿Lo sabías? ¡Qué hermoso es el cielo! ¿No crees?

A cada pregunta yo asentía en silencio, pues hasta un simple sí me costaba pronunciar.

-¡Mira!- señaló exaltada hacia otro lugar del cielo.

-Aquella tan brillante ¿la ves?... la que está allí, en el horizonte... En verdad no es una estrella. Es Venus, un planeta que se parece a la tierra. ¿Lo sabías?

También asentí a aquella pregunta, aunque era la primera vez que alguien me hablaba de ello. No podía sufrir el pensamiento de que mi adorada Rosita, creyera que yo era tonto de remate.

Ella se inclinó hacia mí para mirarme a los ojos, y me reprochó que estuviese todo el rato sin decir palabra.

-¡Estás pasmado!- me dijo con un rictus de desagrado.

-¿Acaso te ha comido el gato la lengua?

La luz de la Luna calaba sus finos cabellos, dulcificaba sus facciones y la hacía parecer una criatura de fantasía. Apercibida de mi extasiada mirada, soltó una carcajada tan cantarina, que en un impulso incontrolable le di un rápido beso en los labios. Todo un nuevo mundo de sensaciones se abrió ante mí y huí corriendo ruborizado, mientras sentía el regusto de su aliento y el aroma a jazmín que despedía su cuerpo.

 


Tags: Recuerdos, amor, niñez

Publicado por pedrolamart @ 14:12  | PERSONALES
Comentarios (4)  | Enviar
Comentarios
Publicado por vgalizz
sábado, 28 de mayo de 2011 | 14:00

Siempre creí que mi primer amor fue lésbico, yo debería de tener tres o cuatro años, pues aún no sabía leer, ella se llamaba Margot y era una niña de siete años del Norte, llegó con su familia de visita a casa de una vecina, y recuerdo que tan solo me sentía feliz estando a su lado, cuando se marchó me quedé con mi pequeño corazón completamente desolado, más tarde comprendí que lo que creía amor, tan solo era admiración, realmente quería ser cómo era ella, en la despedida le regalé un anillo que robé a mi madre, y le pedí que no se lo enseñara a sus padres, y que cuando lo vieran, les dijera que lo había encontrado, por esa época si mi madre se hubiera enterado me hubiera costado una gran paliza, pero Margot cumplió su promesa, jamás supe después nada del anillo, pero tampoco de ella.

Kitty Kitty Kitty

Publicado por vgalizz
sábado, 28 de mayo de 2011 | 14:03

A los ocho años me volví a enamorar, él tenía catorce, y aunque yo sexualmente aún no sentía nada, me gustaba verlo disfrutar, tuvo un fatal “accidente”, y desapareció de mi vida. En la adolescencia tuve muchas aventuras, pero en ninguna hubo amor, era tan solo deseo y satisfacción sexual, luego conocí al hombretón el que he compartido el resto de mi vida, y a día de hoy, daría mi propia vida por salvarlo a él, pero cómomuy bien dice Pedro, el primer amor nunca se olvida y queda prendido en nuestras almas como una flor de fuego y de pasión.

 

Angelito Angelito Angelito

Publicado por vgalizz
sábado, 28 de mayo de 2011 | 14:07

Mi primer amor fue cómo esa extraña flor de cactus, bella pero efímera, y sentí tal arrebato de pasión que deseé que nunca amaneciera, yo caminaba sin rumbo cuando sentí que retumbaban las aceras, y cuando volví la vista atrás ya me encontraba entre sus brazos, entre besos furtivos y miradas de recelo nos clavamos entre las piedras las hebillas, cuando se quedó dormido entre mis brazos me marché cómo una sombra poco antes de que amaneciera, ya nunca más volví a verlo, y en aquél rincón quedaron todas nuestras promesas entre la removida tierra, pero su nombre, su aroma, sus manos y su rostro a pesar del tiempo transcurrido, varias décadas, mi mente aún recuerdan, aunque parezca una locura en determinados momentos puedo sentir su invisible presencia.

 

Helado Helado Helado

 

Publicado por vgalizz
sábado, 28 de mayo de 2011 | 14:15

Los amores configuran nuestra vida, buenos o malos no debemos de renegar de ninguno pues de todos sacamos alguna cosa buena, pero de entre todos ellos siempre destaca el primero y siempre se recuerda.

 

Nota para Pedro:

Me ha encantado este relato impregnado de inocencia y candidez, un amor infantil en la casa del Bollero, jajajajajajaja, hubiera dado cualquier cosa por estar allí.

En las fotos se te ve muy guapo pero con un pelín de cara de mala hostia, quienes te conocemos sabemos que no es así.

Hilo a hilo me voy poniendo al día, y no hace falta que te diga que estoy deseando de llegar a tus tallas, le haré una crítica muy rigurosa y severa.

PD:

Alegría o pesadilla he vuelto, estoy de nuevo aquí, cómo el hijo prodigo que regresa entre harapos, en mi caso para seguir aprendiendo de ti.

 

Divertido Divertido Divertido