Martes, 23 de diciembre de 2014

SU MEJOR NAVIDAD

 

El frío dominaba las calles, que se iban cubriendo de nieve. A medida que caía la noche un gélido viento del norte congelaba los rincones y carámbanos, cual estalactitas, colgaban de las cornisas y de las aristas del mobiliario urbano. Las grandes avenidas aparecían inundadas de luz por los adornos navideños, pero no se veía ni un alma. Las gentes estaban congregadas al calor de sus hogares, ante las mesas repletas en exceso de manjares. Mientras, un hombre caminaba con pasos cortos y lentos, envuelto su cuerpo de harapos que no le preservaban de tan bajas temperaturas. Buscaba ansioso un lugar donde pasar la noche y se adentró en un callejón húmedo y oscuro; allí descubrió un rincón protegido del viento y se agazapó tiritando y enfebrecido sobre unos cartones. Por encima del estruendo de su estómago vacío, oía un lejano eco de músicas y villancicos. Se miró las manos amoratadas e intentó llevarles algo de calor con su aliento y frotándolas sobre su pecho, pero no sintió alivio alguno. Exhausto, se ovilló aún más sobre los cartones y pronto dejó de percibir sensaciones…

 

La nieve sepultaba su cuerpo sin vida. El mendigo se sintió libre de hambre y frío y, entre las sombras del sórdido callejón adivinó sus propios ojos abiertos, sus pestañas congeladas y una postrera lágrima condensada en su rostro. Pensó, mientras ascendía su espíritu, que aquella blanca Navidad acabó siendo la mejor que podía recordar. Atrás dejaba el dolor, la soledad y la tristeza.


Publicado por pedrolamart @ 11:48  | RELATOS
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